Voces de mujeres desde la inmigración: Una comparativa entre el asentamiento de marroquíes en España y mexicanas en EE.UU. (Working Paper #133)


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Rosa M. Soriano Miras, Center for Comparative Immigration Studies

Introduction: Hasta hace relativamente escasas décadas, la voz de la mujer ha estado silenciada, y en especial la de aquella mujer que traspasa las fronteras de su tierra natal, por obligación y no por deseo, alejándose de su hogar, y de sus raíces con todas las rupturas individuales, sociales y estructurales que ello implica. Dicho silencio no puede por menos que ser objeto de estudio de los que nos dedicamos al estudio de un fenómeno tan nuevo, y al mismo tiempo, tan viejo como es el estudio de las migraciones. Y es que los silencios son a veces más relevantes, en cuanto pieza discursiva se refiere, que los discursos sonoros, y por tanto dominantes. Si además, cobramos consciencia de la triple discriminación que sufre la mujer inmigrante, en primer lugar por ser mujer, en segundo término proceder de una minoría étnica o nacional, y finalmente ocupar los escalones más bajos de la sociedad, en función de la ocupación que desempeña (Grusky, D.B. (1994), se hace más necesario que nunca, detenernos aunque sea por un solo instante a escuchar el contenido de sus discursos desde su propia voz.

La mujer inmigrante que va a centrar nuestra atención, es aquella que se ve obligada (por la falta, bien de trabajo, bien de una vida digna, bien de derechos y libertades básicos, bien por una mezcla de todos estos motivos) a salir de su país, en busca de una vida mejor. Pero estamos acostumbrados a realizar estudios que describen la situación de la mujer en una zona geográfica determinada, y hoy mas que nunca la realidad demanda estudios comparativos que permitan vislumbrar aquellas generalidades que sean aplicables a cualquier situación plausible, con el fin de poder intervenir desde una perspectiva mucho mas global, pero sin olvidar la detección de aquellos limites contextuales que hagan cada caso particular. Esta forma de análisis nos ayudará por un lado a no perder la riqueza de la diferencia y por otro lado, a intervenir de manera adecuada ante la explosión, que se está produciendo al mismo tiempo, entre lo global y lo local.

Es necesario conocer como la experiencia migratoria afecta a la identidad de la mujer inmigrante, porque a través de dicho conocimiento se podrá conectar las estructuras con los sujetos, con el fin último de poder diseñar una gestión adecuada de las migraciones, cuestión que actualmente no está resuelta. “Una política que controle los flujos migratorios ha de ser capaz de responder cuantos, quienes, y con qué proyecto. Todo ello son cuestiones relevantes para determinar los flujos y su impacto en la sociedad de todos” (Izquierdo, 2000a:12). En cualquier caso, tanto en EEUU como en España, se ha optado (en el mejor de los casos) a ofrecer respuestas a los dos primeros interrogantes, pero de momento los esfuerzos para responder la tercera pregunta, no se hallan unificados. Pues bien, la presente investigación pretende ofrecer respuestas a la tercera pregunta.

Por todo ello, centraremos la atención en primer lugar en los estudios de género, y de modo concreto en la mujer, con objeto de comparar desde su propia voz la situación de aquella que se ha insertado en el espacio de manera satisfactoria (en función de unos criterios objetivos mínimos de inserción social tales como, vivienda digna, inserción en el mercado laboral, sistema educativo, y sanitario en igualdad de condiciones que los nacionales) haciendo especial hincapié en la detección del proceso que ha posibilitado dicha situación. Todo ello comparando dos contextos (en principio) muy diferentes. Mexicanas en EEUU y marroquíes en España. No obstante hay algo que asemeja ambas realidades, al conformarse ambos contextos como dos de las fronteras mas desiguales del planeta. Son las fronteras que mejor explican la gran brecha existente entre el norte y el sur, y que se vienen configurando como realidad propia del planeta Tierra desde la finalización de la segunda guerra mundial, y que lejos de disiparse cada vez resulta más evidente1.

Tanto EEUU como España han cambiado sustancialmente sus políticas de inmigración después de los atentados terroristas del 11 de septiembre y del 11 de marzo, respectivamente. Sin embargo, las conclusiones políticas son muy distintas. Mientras que EEUU condiciona desde entonces su política de inmigración a la primacía de la política de seguridad, España ha optado por una política de inmigración mas abierta. Ambas respuestas tienen consecuencias para la inmigración ilegal. EEUU la fomenta por su política restrictiva que, en el caso de México, no ha tenido ningún impacto. En España, la inmigración ilegal ha sido reducida por medio de un proceso de normalización, que ha permitido legalizar en el 2005 la situación de 572.000 inmigrantes, pero que puede desembocar bien en un efecto llamada, bien en lo que denomina Trinidad (2005) un proceso de regularización permanente como opción sostenible. Pero dicha disyuntiva sería objeto de otro artículo.

Lo que de momento si conocemos es que el número de inmigrantes internacionales se ha incrementado de forma sostenida durante las ultimas cuatro décadas. Según un reciente informe de Naciones Unidas, esta cifra se elevó a 175 millones en 2000, respecto a los 75 millones de 1960. Bien es cierto, que si comparamos dichas cifras con la población mundial apenas llega al 3% de la población, pero el efecto sinérgico que provocan los flujos migratorios en el campo de la economía (remesas, activación de zonas endémicas, surgimiento de comunidades trasnacionales….) la política (control de flujos migratorios, intervención social, diseño de políticas sociales) la cultura (gestión de la diversidad, y generación de nuevas identidades) la sociedad (nuevos modelos de convivencia, integración y exclusión social) o la demografía (convivencia de patrones demográficos diferenciados) etc., provoca un debate sociopolítico sin precedentes.

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